21 de Mayo de 2019 - Córdoba, Argentina   
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"La convivencia no es familia"


Por Jorge A. Mazzinghi

Para LA NACION   

Los proyectos que aspiran a introducir una regulación legal del concubinato, repetición de iniciativas anteriores que nunca prosperaron, implican una paradoja llamativa. 

Por un lado, el matrimonio civil ha sido modificado, transformándolo en un vínculo cada vez más frágil, cuyo contenido imperativo se procura aligerar. Todo ello no llevó a una mayor nupcialidad, sino a una creciente retracción de los jóvenes respecto del casamiento.  

Por otro lado, se expande la costumbre de "vivir en pareja", hasta el extremo de que la mitad de los niños que nace en Buenos Aires -para no aludir a estadísticas del interior- no son hijos de padres casados.  

Frente a esta realidad hay quienes, quizá con el propósito humanitario de tutelar a supuestos desprotegidos concubinos, abordan la tarea de "matrimonializar" la unión libre. Algo así como demoler la casa construida sobre roca para edificar otra sobre arena.  

Los proyectados estatutos del concubinato copian la regulación del matrimonio en casi todo lo copiable. Prescinden por cierto de una celebración inicial, de un registro donde anotar la unión, y de conferirle cierta estabilidad, que sería contradictoria con la índole de la unión de hecho.  

Los deberes que la convivencia implica nacen por el solo transcurso del tiempo (como los terrenos que se adquieren por prescripción) e irrumpen en el plano personal y en el patrimonial. Se establece un deber de asistencia recíproca en casos de enfermedad, que pasa a los herederos del concubino premuerto; hay derecho sucesorio entre ellos, que excluye a los hermanos; los bienes adquiridos por uno van a ser comunes; a cada concubino le está vedado disponer, aunque sea propio, del hogar común sin asentimiento del otro cuando hay hijos; la pareja puede adoptar. Todo ello con la incertidumbre para los terceros sobre si la persona soltera con quien contraten está o no regida por el estatuto del concubinato. En una palabra, quien participa de la unión libre se encuentra, tras un tiempo, sujeto a deberes e investido de derechos que seguramente nunca previó ni quiso.  

* * *  

El propósito de eludir responsabilidades conyugales vendría a ser suplido por el Estado, supuestamente autorizado para acudir en "auxilio" de quien no quiso regular su futuro aceptando la protección que le confiere el matrimonio. No más "unión libre", pues, sino convivencia legalmente pautada.  

Como vivimos en un mundo pletórico de paradojas, es posible que la legalización del concubinato induzca a los jóvenes a optar por el vínculo matrimonial que, al fin y al cabo, proporciona un emplazamiento social más seguro y, por lo menos, a mí me lo parece, más respetable.  

Un fenómeno paralelo ocurre en Italia, según lo refiere el Corriere della Sera del 20 de septiembre. Contra esa iniciativa se ha expresado un principio que sería bueno recordar: "La convivencia no es familia".  

El autor es abogado y presidente de la Comisión de Derecho de Familia del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires  

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/743904



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